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domingo 30 de mayo de 2010

Cuento chino

Cuando me acuesto a dormir, a menudo me saco las zapatillas sin desatarles el cordón. Sólo procedo a empujar la cara anterior del calzado con los dedos del otro pie. Y luego de ese primer paso, continúo con el proceso de acomodar mi cuerpo entre las sábanas, de tal modo de no desordenar tanto esa seductora primera imagen de una cama tendida, que goza con el reposo de un descanso muy cansado, como diría Quevedo.
Y digo que intento en lo posible no desarmonizar ese orden, porque debo yo tener alguna clase de conflicto kármico con las sábanas. No recuerdo ocasión en que me haya acostado a dormir, y haya despertado con las sábanas en su lugar. Hasta pareciera estar escrito: "al amanecer, las esquinas superiores de las sábanas no estarán en su lugar".
Cuando ya empezaba a atribuir las causas del inconveniente a mi modo de tender la cama (que por cierto, lo hacía ya con más cautela, observando que los dobleces y las costuras fueran "mordidas" por el mueble de madera para sujetarlas lo más posible); decidi hacer la prueba en hospedajes en cuanto viaje se me presentaba. El resultado del relevamiento me condujo a las mismas conclusiones; incluso habiendo cambiado las muestras objeto de estudio.
Intenté también con sábanas de mayor medida que mi colchón (como las de una plaza y media o dos); pero fracasé en la experiencia, empeorando la cuestión, pues el elástico jamás de adaptó a las dimensiones reales de la cama, y por lo tanto, no se aferraba lo suficiente.
Analicé todo retrospectivamente, y caí en cuenta que ni yo, ni las otras personas a quienes interrogué habían logrado hallar alguna vez una sábana que se adaptara cómodamente. Pues, o bien encontraban una que excediera el tamaño del colchón con el consecuente desorden que vengo describiendo; o bien estaban las nunca bien ponderadas sábanas "talle S", de las que al terminar de posicionarlas obligan al colchón a adoptar la forma de medialuna, lo que el sujeto en cuestión deberá revertir a su orden original al acostarse a dormir.
Entonces me ocupaban los pensamientos al respecto: la industria de la sábana no ha impuesto un tamaño universal, y es una vicisitud más para el ciudadano ordinario lidiar con este vacío. Esta industria no lo ha hecho, así como por ejemplo sí existe una altura universal para las mesas de comedor.
Pensaba también en cómo dormían en la antigua China: una especie de colchoneta de 2 cm. de espesor, apoyando la cabeza en una almohadilla de forma tubular, seguramente fabricada por ellos mismos. Y para colmo despiertan en la misma posición en que se durmieron!
Pensaba en las poéticas hamacas paraguayas, que transforman las postales hawaianas en paradisíacos retratos de un sueño; en las cunas de los bebés que no tienen este inconveniente (no se sabe porqué), en las bolsas de dormir...
Sin embargo, ante todo esto, a más de uno le resultará fácil imaginar que he perdido el sueño alguna noche por estos motivos. Debo decir que no puede haber algo más errado. Por fortuna, últimamente he logrado irme a dormir con una sonrisa; y despertar... abriendo los ojos. ¿Qué esperaban que dijera? ¿"Despertar con una sonrisa"? Eso es cuento chino: nadie puede hacer eso; se sonríe después de tomar conciencia de su motivo, y esto sólo sucede después de despertar.
¿Mi motivo para sonreír al acostarme a dormir? Imagino todas las cosas buenas y bellas de este mundo que esperan aún a que las descubra. Un ejercicio que ya nunca volveré a abandonar.

1 comentarios:

FeÐe dijo...

The best of everything
that's what I wish you all
The best of everything
a Rembrandt on your wall
A yacht that wins you cups, skateboards with style and speed
Show dogs or loving pups,
the pride of the pound or the pedigreed
I hope you win that prize
pass that blue ribbon test
I hope your good keeps getting better
'til your better's best
With every wine you taste,
with every song you sing
By now you may have guest,
I hope you get the best of everything