¿Existe una definición para esa sensación en la que no se sabe si un recuerdo es algo que realmente vivimos en el pasado... o sólo lo soñamos? Sé que no es dèja vú.
Últimamente esta idea me confunde. Recordar algo, tener nociones vagamente intensas de vivir sensaciones, acerca de hechos junto a personas, de circunstancias. Que a veces los siento como experiencias inconfundibles; pero en ocasiones develo esos recuerdos como una mezcla entre vivencias similares, y que la mente maquilla mezclándolas con grandes anhelos que siempre tuve. O tal vez primero lo viví, y después deseé tanto recuperar el pasado que los recuerdos se volvieron sueños. Es extraño, suele suceder a la inversa.
¿Qué nombre reciben los sueños que murieron sin concretarse nunca? Un sueño que dejó de ser soñado.... no es igual que decir un sueño que nunca se cumplió. Porque este último podría existir, aún cuando jamás se concrete. “¿Y a donde van los sueños cuando mueren?” pregunta el poeta. Tal vez a ningún lado. Tal vez no mueren, sino que se transforman. Como la energía.
Sabemos que la energía no puede nunca desaparecer o morir. Sólo trasladarse o transformarse, pero nunca eliminarse. Todo lo que hacemos repercute en el mundo externo a nuestro cuerpo. Todo lo que va, vuelve. Lo que transmitimos, lo que generamos, lo que dañamos y lo que deseamos. Todo lo que sale vuelve a entrar, y dicen por ahí que incluso multiplicado. Y los sueños no están lejos de cumplir esta característica.
Yo creo que los sueños nunca mueren, sino que se modifican. El mismo sueño, pero en otro lugar, con otras personas, con logros diferentes, en otro momento...
Bien dice una frase “a veces Dios nos regala la felicidad con un envoltorio que no era el que esperábamos”. Claro que hay formas geométricas que se delatan por sí solas y es muy difícil disimularlas, como una botella o una pelota. Pero no sabemos si pueda tratarse de una botella histórica de colección, o con una artesanía adentro. O si la pelota es en realidad una bola espejada de boliche, o una pecera (así que no reboten el regalo antes de abrirlo).
Con la paciencia de un jardinero, que día a día revisa sus plantas (un solo día de abandono puede ser fatal), con el detalle y la minuciosidad inagotable de la tejedora (un solo punto mal colocado arruina toda la estética de la prenda); y con la voluntad del gimnasta (en un solo instante de vagancia, pierde la fuerza lograda en semanas), los sueños jamás mueren. Y si se les tiene fe, puede que hasta se cumplan, en sabias palabras de Walt Disney.
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